Secretariado Internacional JMV

Secretariado Internacional JMV

La Asociación Internacional de Juventudes Marianas Vicencianas es la renovación de la Asociación de Hijas e Hijos de María Inmaculada que tuvo su origen en las Apariciones de la Virgen María a Santa Catalina Labouré en 1830. En la actualidad la forman 66 países y más de 100.000 miembros repartidos por los cinco continentes.

Modesto Allepuez Vera
Seglar, Hijo de María de la Medalla Milagrosa

Nacimiento: Cartagena (Mu) 05/04/1906
Padres: Modesto y Flora
Bautismo: Cartagena, Parr. Ntra. Sra. del Carmen 06/04/1906
Casado con: Teresa Mijares Miralles 05-11-1931
Hijos: Modesto 4 años y Julio 2 años
Martirio: Cartagena (Mu) 22/09/1936

FORMACIÓN Y APOSTOLADO: Como sus hermanas, asistió desde niño a la escuela externa de la Casa de Misericordia. Tenía 12 años cuando se fundó la Asociación de Hijos de María de la Medalla Milagrosa. Modesto empezó como aspirante con entusiasmo y permaneció hasta la muerte unido a la Asociación, que es como decir a la Stma. Virgen. A los 18 años fue elegido secretario con la general. A su pluma debemos escenas preciosas de la historia de la Asociación. En 1931 contrajo matrimonio y pasó a de la sección de caballeros. Era contable de una buena empresa y persona conocida en Cartagena que ejercía un cierto liderazgo. Fue un decidido propagandista de la sindicación cristiana. Cuando España se desangraba en una lucha política enconada, él desde el periódico y desde la tribuna, predicó siempre la doctrina del amor de Jesucristo. La horda comunista necesariamente había de cebarse en él.

MARTIRIO: Lo prendieron el 18 de agosto de 1936 en el pueblo de Canteras y lo condujeron a la cárcel de San Antón. Lo juzgaron y condenaron junto a sus compañeros de Asociación Gonzálbez y Ardil en el primer juicio de jurados celebrado en el arsenal de Cartagena conforme al decreto de Azaña de 25 de agosto que es una auténtica burla a la justicia y al derecho. El juicio tuvo lugar del 16 al 19 de septiembre. Ellos confirmaron su pertenencia a la Asociación y a la cofradía California. Los catorce jueces populares, los testigos, y los acusadores, pertenecían al Frente Popular, los mismos que el 25 de julio habían quemado las iglesias de Cartagena. El sábado 19 sobre las 12 de la noche se dictó la sentencia condenándolos a muerte. Les mataron de madrugada el 22 de septiembre de 1936 en el cementerio, sin más delito que haberse mantenido fieles a Dios y a la Asociación de la Medalla Milagrosa.

Son impresionantes los detalles de la última noche que pasaron los tres congregantes preparándose para el sacrificio. Se confesaron, perdonaron a los causantes de su muerte y animaron a sus familiares. Recuerda un cuñado de Modesto: “Con mucha entereza y sin ninguna lágrima le dijo a su esposa: Teresita no estés triste. No llores, porque a mí me llama Dios y me voy con Él. No tomes represalias ni odios contra nadie. Terminó su visita tranquilizándonos a todos, diciéndonos que se iba con Dios, y que desde allí nos cuidaría a todos”. Otro testigo añade: “Entre lloros y abrazos a los suyos, vivas a la Milagrosa, canto del himno de la Asociación y rezo del santo rosario, les animaban con gran entereza, siendo ellos los que deberían haber sido animados”. Se complementa este relato en las biografías de Gonzálbez y de Ardil.

Viernes, 17 Noviembre 2017 19:38

José Ardil Lázaro
Seglar, Hijo de María de la Medalla Milagrosa

Nacimiento: Cartagena (Mu) 18/08/1914
Padres: Antonio y Pastora
Bautismo: Cartagena, Parr. Sgdo. Corazón 19/08/1914
Martirio: Cartagena (Mu) 22/09/1936

FORMACIÓN Y APOSTOLADO: Ardil era párvulo externo de la Casa de Misericordia cuando la Asociación de Hijos de María se estaba iniciando. Pronto comprendió que detrás de aquellos jóvenes alegres se ocultaban valores superiores y junto a su hermano Antonio, pasó a ser aspirante y luego Hijo de María con todas sus consecuencias. Por su bondad de corazón y sus buenas disposiciones aprovechó muy bien los medios de formación que le facilitó la Asociación, a la que acudía con asiduidad. Fue siempre amigo y colaborador del grupo de los mejores. Trabajaba con celo y con infatigable energía. Nunca desmayó ni aún en los momentos de mayor peligro. Cumplió los 22 años en la cárcel. Ya no vivía el padre y como el hermano era seminarista, la familia se mantenía con su sueldo de escribiente en una oficina.

MARTIRIO: Lo buscaron en su domicilio el 12 de agosto de 1936. Él estaba escondido en Murcia, y al no encontrarlo se llevaron presos a sus dos únicos hermanos. Antonio y Romana. Cuando él se enteró, viendo que peligraba la vida de sus hermanos, se presentó voluntariamente en la cárcel. El día 18 de agosto apresaron a Modesto Allepuz y al día siguiente a Pedro Gonzálbez. A partir de ese momento los tres seguirán los pasos ya descritos: confirmar su fe y la pertenencia a la Asociación ante los jueces, prepararse mutuamente para la entrega a Dios, aceptar las incomodidades, injurias y vejaciones, el simulacro de juicio, y la muerte como si fueran criminales, caminando unos dos kilómetros a paso militar custodiados por un piquete militar hasta el cementerio.

A Antonio Ardil Lázaro, preso como ellos, le permitieron permanecer junto a su hermano y compañeros hasta los últimos momentos. Delante de él, dirigiéndose a los tres milicianos que les custodiaban, se despidieron de todo el pueblo de Cartagena con este mensaje: Queremos que sepan que no nos llevamos odios ni rencores contra nadie. ¡Somos inocentes! Perdonamos a todos; a nuestros enemigos y a los autores de nuestra muerte. Lo único que pedimos es que se den por satisfechos con nuestra sangre y no se derrame ya más. A continuación, les abrazaron. El 1 de agosto de 1939 estos tres milicianos declararon ante notario con todo detalle la escena de la despedida, la actitud serena con que salieron los tres congregantes para el martirio, y su propia emoción. En la Asociación de Cartagena, cuyo centenario se celebrará el 15 de agosto de 2018 se conserva esta acta notarial. El recuerdo de los mártires está vivo. Con el último abrazo al seminarista Antonio Ardil, los mártires enviaron a sus compañeros un mensaje entrañable que marcaría su vida y su apostolado sacerdotal: “¡Que nuestra sangre no sea estéril!”.

Miércoles, 15 Noviembre 2017 10:09

La Familia Vicentina en todas partes del mundo, se distingue por siempre estar lista para la misión. Este último mes no ha sido la excepción para nuestros hermanos puertorriqueños, quienes luego del paso de un huracán categoría cinco llamado María; han tenido la oportunidad de fortalecer y vivir a plenitud el carisma vicentino y la misión que les corresponde.

Vicentinos levantando a Puerto Rico

El miércoles 20 de septiembre de 2017, Puerto Rico comenzó una importante batalla enfrentando un nuevo reto considerado uno de los más grandes de su historia nacional. Y es que el paso de un huracán categoría cinco nombrado María sin duda ha causado estragos en la Isla. Dejando a su paso grandes e innumerables retos para los boricuas. Entre ellos se encuentran el colapso total de la energía eléctrica en todo el país, fallas considerables en las redes de comunicación, escases de alimentos y agua potable, brote de enfermedades y casas completamente destruidas. No obstante, estos retos no han sido impedimento para la Familia Vicentina Puertorriqueña, en especial para los jóvenes miembros de la Juventud Mariana Vicentina. Quienes han estado incansablemente trabajando para ayudar a todos los damnificados luego del paso del huracán. Los jóvenes de la Asociación han organizado la caridad recibiendo donativos de comida enlatada, ropa, agua potable, sabanas, dinero, entre otros. Para luego distribuir dichos suministros a las comunidades altamente afectadas.

La Juventud Mariana Vicentina Puertorriqueña, ha trabajado para levantar su país paso a paso. Cada centro de JMV, encontrados en diferentes zonas de Puerto Rico, se ha encargado de velar por los más necesitados de su comunidad y pueblos adyacentes. Luego de este fenómeno atmosférico, a través de sus acciones y misión enraizada a la Palabra de Dios y el carisma Vicentino, nuestros jóvenes han sido capaces de sembrar esperanza en el país y la vida del prójimo. No obstante, la generosidad de los puertorriqueños en general y el apoyo del resto de las ramas de la Familia Vicentina han sido pieza clave para cumplir nuestra misión.

Continuamos uniendo nuestros esfuerzos como familia para levantar a Puerto Rico y reflejar el amor de Dios en medio de esta situación, imitando las acciones de nuestro Patrón San Vicente de Paul. Amparados por nuestra Santísima Virgen, continuaremos viviendo a plenitud este mes del rosario y las misiones.

JUVENTUD MARIANA VICENTINA EN ACCION

Durante el mes de octubre estaremos trabajando inspirados en el lema: “Hechos para servir.” El mismo nos recuerda nuestra misión y la importancia de poner todos nuestros dones y talentos al servicio de los más necesitados. Viviremos al máximo el mes del rosario y las misiones, siendo sal y luz del mundo.

El informe completo puede ser descargado aqui: 

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Puerto Rico se levanta

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Miércoles, 15 Noviembre 2017 08:58

Isidro Juan Martínez
Seglar, Hijo de María de la Medalla Milagrosa

Nacimiento: Cartagena (Mu) 10/05/1899
Padres: José y Josefa
Bautismo: Cartagena, Parr. Sta. M.ª de Gracia 15/05/1899
Casado con: Natividad Tamayo Manguero año 1924
Hijos: José 11 años, Purificación 9 años e Isidro 2 años
Martirio: Cartagena (Mu) 18/10/1936

FORMACIÓN Y APOSTOLADO: Tenía 19 años cuando se fundó la Asociación de Hijos de María en la que ingresó movido por sus convicciones cristianas. La Asociación le inculcó la vocación a la caridad, esa inquietud por promocionar a las clases más desfavorecidas tan propia del espíritu vicenciano, que Isidro hizo suya, y sin duda le llevó al martirio. Desempeñó durante mucho tiempo el cargo de vicepresidente, imprimiendo en todas las actividades de la Asociación el sello de sus dotes personales: Su carácter jovial, alegre y decidor, su don de gentes y su acendrada piedad. En julio de 1936 era abogado en ejercicio.

MARTIRIO: Fue detenido por orden del Frente Popular, en su domicilio el día primero de agosto de 1936. Estaban en la mesa cenando el matrimonio con sus tres hijos cuando llamaron imperiosamente a la puerta preguntando por Isidro Juan Martínez. Él respondió: “Soy yo”. Los milicianos exigieron que les acompañara, a lo que el accedió sin poner resistencia y se lo llevaron inmediatamente. Al despedirse, dijo al mayor de sus hijos: “Hijo, a tu padre no se lo llevan por ladrón, sino por honrado y por sus creencias”. Pasó primero por la comisaría y a las dos de la madrugada ingresó en la prisión de San Antón. Ni al detenerlo, ni en los 78 días que permaneció en la cárcel le inculparon de nada que no fuera una conducta consecuente con su fe.

A Isidro Juan Martínez y a Francisco Roselló Hernández, los incluyeron en la famosa saca de 49 presos del 18 de octubre de 1936. Fue una noche larga y ruidosa en la cárcel llena de milicianos, en la que los mártires se prepararon bien, incluso pudieron confesar con los sacerdotes presos. Fueron los últimos mártires de la Asociación de Hijos de María de la Medalla Milagrosa de la Casa de Misericordia de Cartagena. Habían visto salir resueltos a confesar su fe al director, D. Pedro Gambín, el 15 de agosto y al trío formado por Allepuz, Gonzálbez y Ardil el 22 de septiembre. Es del dominio público que antes de fusilarlos los milicianos les dieron la oportunidad de gritar: ¡Muera Cristo Rey! para poder salvarse; a lo que ellos se negaron y gritaron: ¡Viva Cristo Rey! En la misma saca mataron a cuatro sacerdotes: dos de Cartagena, el rector de la iglesia de los Dolores y el capellán de los ancianos; el coadjutor de San Andrés de Murcia, y el párroco de Aljorra (Murcia).

Miércoles, 15 Noviembre 2017 08:49

Francisco Roselló Hernández
Seglar, Hijo de María de la Medalla Milagrosa

Nacimiento: Cartagena (Mu) 28/02/1907
Padres: Francisco y Ascensión
Bautismo: Cartagena, Parr. Sta. M.ª de Gracia 11/03/1907
Martirio: Cartagena (Mu) 18/10/1936

FORMACIÓN Y APOSTOLADO: Era huérfano e hijo único. La persecución religiosa le llegó cuando iba a contraer matrimonio con una joven de sus mismos sentimientos religiosos y como él de grandes cualidades humanas, pero fue leal a sus principios religiosos y se dejó matar al grito de ¡Viva Cristo Rey! La propia novia lo entendió como un paso de Dios por su vida. Roselló fue bastantes años presidente de la Asociación, cargo que ocupaba en la gran fiesta mariana que se celebró en Madrid y en Cartagena el año 1930 para conmemorar el primer centenario de la manifestación de la Medalla Milagrosa. En todo momento supo poner sus cualidades humanas al servicio del apostolado mariano en el que estaba comprometido. Destacó en el teatro, uno de los medios de formación y apostolado de la Asociación.

MARTIRIO: El lunes 20 de julio de 1936 arrojaron repentinamente a las Hijas de la Caridad de la Casa de Misericordia. Enterado Roselló, consiguió adelantar a los coches que las llevaban custodiadas fuera de la población, despedirse de sor Francisca y recibir las últimas consignas para los congregantes. A partir de este hecho fue sujeto de persecución, como lo había sido unas horas antes D. Pedro Gambín. Lo prendieron en su domicilio el día 22 y lo tuvieron incomunicado, probablemente en el colegio Marista, hasta el 7 de octubre en que ingresó en la cárcel de San Antón.

Como en el registro a su domicilio le habían encontrado una medalla de la Virgen de la Caridad, un escapulario y dieciséis “cromos religiosos” y él mismo había confirmado su pertenencia activa a la Asociación de Hijos de María y a la cofradía California, en la cárcel le calificaron de “sectarista de organismos religiosos” e inmediatamente sometieron el caso al juez especial de Murcia, el mismo que unos días antes había condenado a muerte a sus tres compañeros de Asociación. Aquí empezó el juego sucio, porque el juez especial, que normalmente tiene unas horas para decidir sobre el reo, tardó 6 meses a dictar su providencia, que consistió en declararse incompetente toda vez, dice, “que contra el mismo no aparecen cargos que le inculpen como responsable de cualquiera de los delitos de la competencia de este juzgado”. En este tiempo tuvo lugar la saca de presos del 18 de octubre en la cual incluyeron a Francisco Roselló y lo mataron sin esperar la actuación judicial junto al congregante Isidro Juan Martínez.

Francisco García Balanza
Seglar, Hijo de María de la Medalla Milagrosa

Nacimiento: Cartagena (Mu) 02/04/1901
Padres: Antonio y Josefa
Bautismo: Cartagena, Parr. Santiago 03/04/1901
Martirio: Cartagena (Mu) 25/08/1936

FORMACIÓN Y APOSTOLADO: Francisco García Balanza fue uno de los fundadores de la Asociación de Hijos de María de la Medalla Milagrosa de la Casa de Misericordia de Cartagena. Como presidente le corresponde el mérito de haber puesto los cimientos en la Asociación y haber ayudado a madurar en la fe a los más jóvenes, algunos de los cuales también alcanzarán el martirio en la persecución religiosa y otros serán los directivos encargados de reconstruir la Asociación en 1939 y en los años sucesivos. Así, el que había sido modelo de congregantes en vida, fue también pionero en el martirio y abrió el camino de la cruz.

En 1936, cuando arreció la persecución religiosa, pasaban de 200 los congregantes de la Medalla Milagrosa. Sin otro motivo que su significación católica, en los meses anteriores al 18 de julio de 1936, todos los Hijos de María que trabajaban en el Arsenal de Cartagena fueron objeto de una constante persecución mediante burlas y menosprecios de los compañeros de trabajo oficialmente afiliados a grupos marxistas, o simpatizantes de sus ideas anticristianas. Francisco, discreto como siempre, no buscó polémica, pero en ningún momento ocultó su fe ni su condición de Hijo de María de la Medalla Milagrosa de la Casa de Misericordia.

En julio de 1936 tenía 35 años, seguía soltero, viviendo en Cartagena con su padre, completamente entregado a la Asociación con entusiasmo y voluntad inagotable. Fue un hombre modesto, saturado de afabilidad y cortesía que dejó hondas raíces.

MARTIRIO: Parece que la primera pista para buscarlo y asesinarlo fue porque le encontraron una fotografía en la que se le veía junto al Sr. obispo, en algún acontecimiento en la Casa de Misericordia, cosa bastante frecuente, dado que los Hijos de María estaban perfectamente integrados en la diócesis. El 9 de agosto de 1936 lo detuvieron en un acto de servicio, mediante una coartada de un miliciano que conocía su pertenencia a la Asociación, y lo condujeron a la grillera del Arsenal, donde permaneció preso una semana. El día16 le embarcaron en el acorazado Jaime I. El día 25 de agosto de 1936 los que formaban el Comité rojo del acorazado Jaime I, y algunos del crucero Libertad lo asesinaron a traición, apareciendo su cadáver con múltiples heridas en la cabeza y en el pecho en el Badén de Miranda, a la salida del pueblo de Los Dolores (Cartagena).

Enrique Pedro Gonzálbez Andreu
Seglar, Hijo de María de la Medalla Milagrosa

Nacimiento: Cartagena (Mu) 16/07/1910
Padres: Miguel y Dolores
Bautismo: Cartagena, Parr. Sta. Mª de Gracia 01/08/1910
Martirio: Cartagena (Mu) 22/09/1936

FORMACIÓN Y APOSTOLADO: Ingresó en la Asociación a los 19 años con un buen bagaje cultural y muy buenas cualidades que supieron cultivar los sacerdotes formadores de la Asociación. Era oficial de notaría y escribía muy bien. En El Eco de la Milagrosa se han conservado 23 artículos suyos. En agosto de 1932 escribía: “Nuestra fe crece con la persecución y se vivifica con el atropello y la injusticia”. Impresiona el de abril de 1935, titulado “La negación”. En momentos difíciles para la juventud creyente se desbordan sus sentimientos, porque hay que confesar a Cristo en todo momento. Tenía gran inquietud ante los problemas sociales y religiosos siguiendo la doctrina social de la Iglesia y las encíclicas de los Papas. Enviado por la Asociación, asistió a cursos y entró en contacto con el que luego sería cardenal Herrera Oria y con la Asociación Nacional de Propagandistas. Fue un joven de grandes ideales sobre Dios, la religión católica y la patria. Participó en el II Congreso de las Juventudes Católicas Españolas que tuvo lugar en Santander. Toda esta doctrina la difundía en la Asociación y en la prensa.

MARTIRIO: En 1936 ya no vivían sus padres. Sus hermanos, conscientes del peligro, hicieron cuanto estaba de su parte por ocultarlo, pero todo fue inútil. Ellos también fueron perseguidos. Gonzálbez ingresó en la prisión el 19 de agosto. Allí encontró a los dos compañeros de martirio: Allepuz y Ardil y, a partir de este momento, los tres amigos corrieron la misma suerte. El folio 221 de los autos del juicio recoge la notificación a los condenados de la sentencia de muerte. Impresiona la excelente caligrafía de las firmas de los tres congregantes, que denota el pulso firme que mantuvieron en momentos tan duros. Era domingo, 20 de septiembre de 1936.

El mismo día, en una nota a lápiz que conservan sus hermanos como reliquia, les dice: “+A los de casa: ya sé que conocéis la sentencia dictada en contra mía. Yo estoy tranquilo y os ruego no os entreguéis a la desesperación, confiad en Dios, como yo confío, y rezad a Él por mi vida y si así no conviene, por la salvación de mi alma. Antes de que nada ocurra habremos de vernos, pues estamos esperando al juez para que nos autorice a entrevistarnos con nuestras familias. Un abrazo para todos. Pedrín”. Para el encuentro con el Señor, en la madrugada del 22 de septiembre de 1936, se puso la medalla Milagrosa con el cordón azul y blanco de la Asociación. Uno de los tiros del piquete militar atravesó el metal de la medalla. Es otra de las reliquias preciosas que conserva la familia. En la biografía de Ardil se detalla la escena del perdón a los verdugos.

Domingo, 12 Noviembre 2017 20:58

Siete ex-Hijos de María, Asociación hoy conocida como JMV, fueron beatificados en la mañana de este sábado (11), en Madrid. La celebración también llevó a los altares a otros 53 miembros de la Familia Vicenciana de España.

La ceremonia fue presidida por el Cardenal Amato, representando al Papa Francisco, con la presencia de otros cardenales y obispos, miembros de la Familia Vicenciana y familiares de los nuevos beatos martirizados en la Guerra Civil Española. La fiesta litúrgica de los mártires será celebrada el 6 de noviembre de cada año, según anunció Amato.

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Entre los presentes en la celebración se encontraba Ricardo Gonzálbez Torrerosa, sobrino-nieto del nuevo beato Enrique Pedro Gonzálbez Andreu, martirizado a los 26 años en Cartagena y perteneciente a la Asociación de los Hijos de María. Cargaba orgulloso y con mucha devoción el relicario de su familia: una Medalla Milagrosa traspasada por un tiro (foto al lado). “Uno de los milicianos le dijo que él tenía muy buena puntería y que iba atravesar la medalla que estaba en su pecho, en su corazón”, cuenta. 

“Ellos no dudaron en confesar su fe en Cristo Resucitado, y con valentía defendieron los valores evangélicos hasta perdonar a quién os perseguían”, dijo el padre Tomaž Mavrič, Superior General de la Familia Vicenciana y Director General de JMV.

 

 

Los nuevos beatos, Hijos de María, hoy JMV, son:

  • Enrique Pedro Gonzálbez Andreu
  • Francisco García Balanza
  • Francisco Roselló Hernández
  • Isidro Juan Martínez
  • José Ardil Lázaro
  • Modesto Allepuz Vera
  • Rafael Lluch Garín

A lo largo de esta semana estaremos publicando la biografía de los siete beatos de JMV.

Beatos de JMV, rogad por nosotros.

Redactado por André Peixoto, voluntario del Secretariado Internacional de JMV

El próximo 11 de noviembre la Familia Vicenciana celebrará, en Madrid, la beatificación de 60 mártires de la Guerra Civil Española. Para festejar este acontecimiento, la comisión organizadora de la ceremonia elaboró una catequesis para conocer el martirio de estos vicencianos. El material está disponible para adultos, jóvenes y niños.

Entre los mártires están sacerdotes y hermanos de la Congregación de la Misión, Hijas de la Caridad, Caballeros de la Milagrosa, sacerdotes diocesanos y siete laicos Hijos de María, Asociación hoy conocida como Juventud Mariana Vicenciana (JMV). Podéis rezar, compartir y reflexionar la catequesis en los grupos. Además de conocer un poco más de nuestros futuros beatos, podéis entender un poco más lo que dice la iglesia sobre el martirio.

Los próximos beatos miembros de la Asociación Hijos de María, son:

Enrique Pedro Gonzálbez Andreu
Francisco García Balanza
Francisco Roselló Hernández
Isidro Juan Martínez
José Ardil Lázaro
Modesto Allepuz Vera
Rafael Lluch Garín

Para conocer los otros mártires de la Familia Vicenciana que serán beatificados podéis acceder la página web oficial de la beatificación.

Catequesis para jóvenes

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Catequesis para adultos

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Catequesis para niños

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Otras informaciones: http://www.beatificacionmartiresvicencianos.org/

Miércoles, 18 Octubre 2017 10:54

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Gracias por vuestra calurosa bienvenida y gracias al Superior General por haber ilustrado nuestra reunión.

Os saludo y junto con vosotros doy las gracias al Señor por los cuatrocientos años de vuestro carisma. San Vicente ha generado un impulso de caridad que dura siglos: un impulso que brotó de su corazón. Por eso hoy tenemos aquí la reliquia: el corazón de San Vicente. Hoy me gustaría animaros a seguir este camino, proponiendo tres verbos simples que creo muy importantes para el espíritu vicentino, pero también para la vida cristiana en general: adorar, acoger, ir.

Adorar. Son innumerables las invitaciones de San Vicente a cultivar la vida interior y a dedicarse a la oración que purifica y abre el corazón. La oración es esencial para él. Es la brújula de todos los días, es como un manual de la vida, es – escribía – “el gran libro del predicador”: Solamente rezando se consigue de Dios el amor que hay que derramar sobre el mundo; solamente rezando se tocan los corazones de la gentes cuando se anuncia el Evangelio. (ver Carta a A. Durand, 1658). Pero para San Vicente la oración no es solo un deber, y mucho menos un conjunto de fórmulas. La oración es detenerse ante Dios para estar con él, para dedicarse simplemente a Él Esta es la oración más pura, la que deja espacio al Señor y a su alabanza, y nada más: la adoración.

Una vez descubierta, la adoración se hace indispensable, porque es pura intimidad con el Señor, que da paz y alegría, y derrite los afanes de la vida . Por eso San Vicente aconsejaba a uno que estaba sometido a una presión particular, que permaneciera en oración “sin tensión, arrojándose en Dios con miradas simples, sin tratar de tener su presencia con un esfuerzo considerable, sino abandonándose a Él” (Carta a G. Pesnelle, 1659).
Esto es la adoración: ponerse ante del Señor, con respeto, con calma y en silencio, dándole el primer lugar, abandonándose confiados. Para pedirle después que su Espíritu venga a nosotros y dejar que nuestras cosas vayan a Él. Así, también las personas necesitadas, los problemas urgentes, las situaciones difíciles y pesadas entran en la adoración, tanto es así que San Vicente pedía que se “adorasen en Dios incluso las razones que son difíciles de comprender y aceptar (véase Carta a F. Get, 1659). El que adora, el que va a la fuente viva del amor no puede por menos que “contaminarse” por decirlo así. Y empieza a comportarse con los demás como el Señor hace con él: se vuelve más misericordioso, más comprensivo, más disponible, supera sus durezas rigidez y se abre a los demás.

Llegamos al segundo verbo: acoger. Cuando escuchamos esta palabra, inmediatamente pensamos en algo que hacer. Pero en realidad acoger es una disposición más profunda: no se trata solamente de hacer sitio a alguien , sino de ser personas acogedoras, disponibles, acostumbradas a darse a los demás. Como Dios por nosotros, así nosotros por los demás. Acoger significa redimensionar el propio yo, enderezar la forma de pensar, entender que la vida no es de mi propiedad privada y que el tiempo no me pertenece. Es un desprendimiento lento de todo lo que es mío: mi tiempo, mi descanso, mis derechos, mis programas, mi agenda. El que acoge renunciar al yo y hace entrar en la vida el tú y el nosotros.
El cristiano acogedor es un verdadero hombre y mujer de la Iglesia, porque la Iglesia es Madre y una madre acoge y acompaña la vida. Y como un hijo se parece a su madre, en los rasgos, así el cristiano tiene estos rasgos de la Iglesia. Entonces es un hijo verdaderamente fiel de la Iglesia, que es acogedora, que ,sin quejarse, crea concordia y comunión y con generosidad siembra paz, incluso si no es correspondida. ¡Que San Vicente nos ayude a promover este “ADN” eclesial de la acogida, de la disponibilidad, de la comunión, para que de nuestras vidas “desaparezca toda acritud, ira, cólera, gritos, maledicencia y cualquier clase de maldad! ” (Efesios 4:31).

El último verbo: ir. El amor es dinámico, sale de sí mismo. El que ama no se queda en un sillón mirando, esperando el advenimiento de un mundo mejor, sino que con entusiasmo y sencillez se levanta y se va. Lo decía muy San Vicente : “Por tanto, nuestra vocación es ir, no a una parroquia, ni tampoco solamente a una diócesis, sino a toda la tierra. ¿Y para hacer qué? Para inflamar los corazones de los hombres, haciendo lo que hizo el Hijo de Dios, Él , que vino a traer fuego al mundo para inflamarlo con su amor “(Conferencia del 30 de mayo, 1659). Esta vocación siempre es válida para todos. Plantea preguntas a cada uno: “¿Salgo yo al encuentro de los otros, como quiere el Señor? ¿Llevo dónde voy este fuego de caridad o me encierro para calentarme frente a mi chimenea?

Queridos hermanos y hermanas, gracias porque estáis en movimiento por los caminos del mundo, como San Vicente os pediría hoy también. Os deseo que no os detengáis sino que prosigáis sacando cada día de la adoración el amor de Dios y lo difundáis por todo el mundo a través del buen contagio de la caridad, de la disponibilidad, de la concordia. Os bendigo a todos y a los pobres que encontráis. Y, por favor, os pido la caridad de que no os olvidéis de rezar por mí.

Papa Francisco

Viernes, 29 Septiembre 2017 16:03

A tan solo dos horas de realizar los simulacros recordando el terremoto del día 19 de septiembre de 1985, México volvió a vivir una sacudida que hizo volver tristes recuerdos a muchos mexicanos. Nuevamente el 19 de septiembre, pero de 2017, a la 1:35 pm, 32 años después, volvió a temblar. Este sismo se sintió en muchos estados de la república, pero los más afectados fueron Morelos, Puebla, Oaxaca, Chiapas y la Ciudad de México.

En las calles se volvía a demostrar la solidaridad de hermanos, gente removiendo escombros, tratando de buscar vida entre los edificios derrumbados. Algunas personas llevaban comida a los que se encontraban trabajando y a cada momento se demostraba la fuerza que tenemos como hermanos. Juventudes Marianas Vicentinas (JMV) se sumó a esta gran labor. Un grupo de misioneros vicentinos de la rama de JMV-HHM de la región VI entraron en acción y con la colaboración de otras regiones y por supuesto del consejo nacional, para asistir con el acopio de despensas, medicamentos, agua embotellada, ropa y cobijas, además de su contribución para clasificar y ordenar dichos víveres, cubriendo las distintas delegaciones de la Ciudad de México.

Día con día continuaba la ayuda de los grupos de JMV-HHM de los diversos centros de la región VI y el grupo de misioneros de la Asociación decidieron trasladar en una camioneta de media tonelada y automóviles los víveres a la ciudad de Cuautla, en la que de manera coordinada con las voluntarias vicentinas se repartieron y siguieron repartiendo en comunidades de Morelos, dichos víveres a las familias más necesitadas.

En otros puntos de la república la asociación se sumaba a esta labor en centros de acopio recolectando víveres, medicamentos, material de curación y más para poder mandar a los hermanos afectados. En estos días se ha visto la unión que tenemos todos los mexicanos y en estos momentos se une a la causa.

Información por Marco Antonio, Michel Castror y Hector Martinez Carmona

 

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Miércoles, 27 Septiembre 2017 10:32

El Papa Francisco nos ofrece unas palabras en la fiesta grande de toda la Familia Vicenciana!

Con ocasión de la memoria de san Vicente de Paúl, el Papa Francisco nos ha escrito una bella reflexión a todos los que seguimos el carisma vicenciano, que reproducimos a continuación:

Queridos hermanos y hermanas:

Con ocasión del 4º centenario del carisma que dio nacimiento a su Familia, me gustaría unirme a ustedes con unas palabras de agradecimiento y de ánimo y poner de relieve el valor y la actualidad de san Vicente de Paul.

San Vicente estuvo siempre en camino, abierto a la búsqueda de Dios y de sí mismo. A esta búsqueda constante se añadió la acción de la gracia: como pastor, tuvo un encuentro fulgurante con Jesús, el Buen Pastor, en la persona de los pobres. Lo que se comprobó especialmente cuando se conmovió ante la mirada de un hombre sediento de misericordia y la situación de una familia que carecía de todo lo necesario. En ese momento, descubrió la mirada de Jesús que le emocionó, invitándole a vivir, no ya para sí mismo, sino para servirle sin reserva en los pobres a los que Vicente de Paul llamaría más tarde “nuestros señores y nuestros amos” (Correspondencia, conferencias, documentos, Coste XI-3, p. 273). Su vida se transformó entonces en un servicio constante hasta su último suspiro. Una Palabra de la Escritura le había dado el sentido de su misión: “El Señor me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva” (cf. Lc 4, 18).

Con el deseo ardiente de dar a conocer a Jesús a los pobres, se consagró intensamente al anuncio, sobre todo por medio de las misiones populares, y especialmente prestando atención a la formación de los sacerdotes (del clero). Utilizaba de manera natural un « método sencillo »: hablar, en primer lugar con su propia vida y después, con una gran sencillez, de forma familiar y directa. El Espíritu hizo de él un instrumento que suscitó un impulso de generosidad en la Iglesia. Inspirado por los primeros cristianos que tenían “un solo corazón y una sola alma” (Hch 4, 32), san Vicente fundó las “Caridades” con el fin de atender a los más necesitados, viviendo en comunión y poniendo a disposición de todos sus propios bienes, con alegría, con la certeza de que Jesús y los pobres son los tesoros más valiosos y que, como a él le gustaba repetir, “cuando tú vas hacia el pobre, encuentras a Jesús”.

Este “granito de mostaza”, sembrado en 1617, hizo germinar la Congregación de la Misión y la Compañía de las Hijas de la Caridad, se ramificó en otros Institutos y Asociaciones y se ha convertido en un gran árbol (cf. Mc 4, 31-32): su Familia. Pero todo comenzó con este granito de mostaza: san Vicente no quiso nunca ser un protagonista o un líder, sino “un granito”. Estaba convencido de que la humildad, la mansedumbre y la sencillez son condiciones esenciales para encarnar la ley de la semilla que da vida muriendo (cf. Jn 12, 20-26), esta ley que hace fecunda la vida cristiana, esta ley por la que se recibe dando, se encuentra perdiendo y se irradia ocultándose. San Vicente estaba igualmente convencido de que no era posible hacerlo todo él solo, sino juntos, como Iglesia y Pueblo de Dios. A este respecto, me gusta recordar su intuición profética de valorar las cualidades excepcionales femeninas que se manifestaron en la delicadeza espiritual y la sensibilidad humana de santa Luisa de Marillac.

“Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25, 40), dice el Señor. La búsqueda de los más pobres y abandonados” está en el núcleo central de la Familia vicenciana, con la conciencia profunda de ser “indignos de rendirles nuestros pequeños servicios” (Correspondencia, conferencias, documentos, Coste XI-3, p. 273). Deseo que este año de acción de gracias al Señor y de profundización del carisma sea la ocasión de beber en el manantial, de refrescarse en la fuente del espíritu de los orígenes. No olviden que las fuentes de gracia en las que ustedes beben, brotaron de corazones sólidos y firmes en el amor, “modelos insignes de caridad” (Benedicto XVI, Carta Encíclica Deus Caritas est, 40). Ustedes aportan el mismo frescor, solamente levantando la mirada hacia la roca de donde brota. La roca es Jesús pobre, que pide que se le reconozca en aquel que es pobre, que no tiene voz. Pues Él está ahí. Y ustedes, a su vez, cuando encuentran existencias frágiles, rotas por pasados difíciles, están llamados a ser rocas. No a parecer duros e inquebrantables, ni a mostrarse insensibles a los sufrimientos, sino a ser puntos de apoyo, sólidos frente a los avatares del tiempo, resistentes en las adversidades, porque ustedes “reparan en la peña de donde fueron tallados, y en la cavidad del pozo de donde fueron excavados” (cf. Is 51,1). Así, están llamados a ir a las periferias de la condición humana y a llevar, no sus capacidades, sino el Espíritu del Señor, “Padre de los pobres”. El los esparce por el mundo, ampliamente, como a granos que crecen en una tierra árida, como un bálsamo de consuelo para el que está herido, como un fuego de caridad para calentar tantos corazones fríos por el abandono y endurecidos por el rechazo.

En verdad, todos nosotros estamos llamados a beber de la roca que es el Señor y a apagar la sed del mundo con la caridad que viene de él. La caridad está en el corazón de la Iglesia, es la razón de su acción, el alma de su misión. “La caridad es la vía maestra de la doctrina social de la Iglesia. Todas las responsabilidades y compromisos trazados por esta doctrina provienen de la caridad que, según la enseñanza de Jesús, es la síntesis de toda la Ley” (Benedicto XVI, Carta Encíclica Caritas in veritate, 2). Es la vía que tenemos que seguir para que la que Iglesia sea cada vez más madre y maestra de caridad, con un amor cada vez más intenso y desbordante entre ustedes y para con todos los hombres (cf, 1 Ts 3, 12). Concordia y comunión en el interior de la Iglesia, apertura y acogida en el exterior, con el valor de reconocer lo que puede ser una ventaja a fin de imitar en todo a su Señor y de encontrarse plenamente a sí mismos, haciendo de la aparente debilidad de la caridad la única razón de su orgullo (cf. 1Co 12, 19).
Resuenan en nosotros las palabras del Concilio, de una gran actualidad : “Cristo Jesús […] se hizo pobre, siendo rico. Así también la Iglesia, aunque necesite de medios humanos para cumplir su misión, no fue instituida para buscar la gloria terrena, sino para proclamar la humildad y la abnegación, también con su propio ejemplo. Cristo fue enviado por el Padre a «evangelizar a los pobres… así también la Iglesia abraza con su amor a todos los afligidos por la debilidad humana; más aún, reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, se esfuerza en remediar sus necesidades y procura servir en ellos a Cristo” (Concilio Ecuménico Vaticano II, Const. Dogm. Lumen Gentium, 8).

San Vicente realizó esto a lo largo de su vida y nos habla, aún hoy, a cada uno de nosotros, como Iglesia. Su testimonio nos invita a estar siempre en camino, dispuestos a dejarnos sorprender por la mirada del Señor y por su Palabra. Nos pide la pobreza de corazón, una disponibilidad total y una humildad dócil. Nos impulsa a la comunión fraterna entre nosotros y a la misión valiente en el mundo. Nos pide liberarnos de lenguajes complicados, de discursos egocéntricos, centrados en nosotros mismos y de apego a los bienes materiales, que pueden tranquilizarnos en lo inmediato pero que no nos dan la paz de Dios y a menudo son incluso un obstáculo para la misión. Nos exhorta a invertir en la creatividad del amor, con la autenticidad de un “corazón que ve” (cf. Benedicto XVI, Carta Encíclica Deus Caritas est, 31). De hecho, la caridad no se contenta con buenas costumbres del pasado, sino que sabe transformar el presente. Y esto es aún más necesario hoy día, ante la complejidad cambiante de nuestra sociedad globalizada donde ciertas formas de limosna y de ayuda, aunque justificadas por intenciones generosas, corren el riesgo de alimentar formas de explotación y de desigualdad y de no producir progresos reales y duraderos. Por esta razón, imaginar la caridad, organizar la cercanía e invertir en la formación son las enseñanzas actuales que nos vienen de san Vicente. Pero, al mismo tiempo, su ejemplo nos anima a dar espacio y tiempo a los pobres, a los numerosos pobres de nuestro tiempo, a los demasiado numerosos pobres de hoy, a hacer nuestros sus pensamientos y dificultades. El cristianismo sin contacto con el que sufre, es un cristianismo desencarnado, incapaz de tocar la carne de Cristo. Encontrar a los pobres, preferir a los pobres, dar la voz a los pobres con el fin de que su presencia no sea reducida al silencio por la cultura de lo efímero. Espero vivamente (con fuerza) que la celebración de la Jornada Mundial de los Pobres del próximo 19 de noviembre nos ayude en nuestra “vocación a seguir a Jesús pobre”, convirtiéndonos “cada vez más y mejor en signo concreto del amor de Cristo por los últimos y los más necesitados y reaccionando ante la cultura del descarte y del derroche” (Mensaje para la primera Jornada Mundial de los Pobres “No amemos de palabra sino con obras”, 13 de junio de 2017).

Pido para la Iglesia y para todos ustedes la gracia de encontrar al Señor Jesús en el hermano hambriento, sediento, extranjero, despojado de su ropa y de su dignidad, enfermo y prisionero o indeciso, ignorante, obstinado en el pecado, afligido, grosero, desconfiado y molesto. Y de encontrar en las llagas gloriosas de Jesús, la fuerza de la caridad, la felicidad del grano que, al morir, da vida, la fecundidad de la roca de donde brota el agua, la alegría de salir de sí mismos y de ir por el mundo, sin nostalgia del pasado sino con la confianza en Dios, creativos frente a los desafíos de hoy y de mañana porque, como decía san Vicente, “el amor es inventivo hasta el infinito”.

Del Vaticano, 27 de septiembre de 2017.
Memoria de San Vicente de Paúl.

Papa Francisco

Fuente: Famvin